En la traducción literaria, además de los diferentes aspectos en los que tiene que poner
toda su atención y recursos cualquier traductor profesional, se deben tener en cuenta otras
características del mismo, como las cualidades estéticas y artísticas, puesto que a través de
diferentes recursos retóricos y lingüísticos, de ciertas marcas lexicales, gramaticales o fonológicas
se va construyendo un texto con una determinada fragancia, con un cierto estilo, y con una cierta intención.
En muchos casos resulta necesario por parte del traductor un conocimiento profundo del autor del
texto original, o al menos una identificación con él a la hora de recrear el texto, por que en efecto,
tal y como la misma palabra indica, no se trataría tan sólo de una mera traducción de una serie de términos,
conceptos y expresiones de un idioma a otro, sino que a veces resulta necesaria una recreación del mismo,
una adaptación dinámica al idioma de destino de forma que el texto traducido no pierda cualidades y
sutiles sensaciones que el autor del texto original tuvo en todo momento presente mientras que llevaba
a cabo su creación literaria.
Para ello es necesario también contar con traductores con un perfecto conocimiento de ambos idiomas, el de
origen y el de destino, de forma que sean capaces de comprender en el idioma de origen los más sutiles
recursos empleados por el autor y de saber explotar con la exhaustividad necesaria el idioma de destino
para dotar a su texto de la misma complejidad y riqueza con la que el autor creó su obra original.