Hemos
recopilado artículos o estudios teóricos de diversos autores,
todos ellos relacionados con las trabajos de traducción con el
fin de que sirvan de consulta para traductores o para cualquier otra
persona interesada.
Aproximación
pragmalingüística a la traducción del humor
Leo Hickey
University of Salford
Es sabido
que el humor viaja mal, que suele marchitarse en el trayecto más
corto, llegando deshecho, si no muerto, a su destino, al trasladarse
de un idioma a otro (véase Chiaro 1992:77). Así sucede
en no pocos casos porque lo esencial del humor está íntimamente
vinculado con aspectos del texto de partida que no dependen de la semántica,
de lo que se dice y, por muy exactamente que se traduzca el importe
semántico, el humor original desaparece en la traducción.
Por ejemplo:
The teacher is explaining proverbs to the children. She says: "Cleanliness
is next to godliness. Now, Billy, what is cleanliness next to?".
"Impossible, Miss", says Billy.
El humor radica en que las oraciones análogas "Cleanliness
is next to godliness" y "Cleanliness is next to impossible"
son expresiones correctas y sensatas en inglés, pero la primera
constituye un refrán y la otra no, siendo la preposición
"next to" ambigua. Debido a ello, la traducción al
español de una de las oraciones no se parece mucho a la de la
otra, por lo que ninguna de ellas resulta graciosa:
"La limpieza se acerca a la divinidad" y "La limpieza
es casi imposible".
En este breve estudio analizo el humor para investigar en qué
consiste y qué se puede hacer para preservarlo en la traducción.
Nótese que el título se refiere a la traducción
del humor, cuidándose de no prometer nada sobre la traducción
de chistes o de otros textos humorísticos, ya que la diferencia
puede ser crítica.
Una de las teorías más convincentes y respetadas sugiere
que el humor se deriva de la incongruencia. Como explica Jerry Suls:
"One contemporary view follows directly from the observations of
Hazlitt, Kant, and others in positing that incongruity is the necessary
and sufficient element that elicits humor" (Suls 1983:41). Suls
explica a continuación que no es la incongruencia de por sí
lo que produce el humor sino que éste proviene de una resolución
o explicación de la misma. "Stated quite simply, the theory
is that humor results when the perceiver meets with an incongruity (usually
in the form of a punch line or a cartoon) and then is motivated to resolve
the incongruity either by retrieval of information in the joke or cartoon
or from his/her own storehouse of information. According to this account,
humor results when the incongruity is resolved; that is, the punch line
is seen to make sense at some level with the earlier information in
the joke" (Suls 1983: 42).
Christopher P. Wilson (1979: 22) aclara que "the appreciation of
humour involves the perception and resolution of incongruity",
la cual puede apreciarse o bien en el fondo o en la forma textual. A
lo que añade Paul E. McGhee: "Something unexpected, out
of context, inappropriate, unreasonable, illogical, exaggerated, and
so forth, must serve as a basic vehicle for the humor of an event..."
(McGhee 1979: 10). Sin embargo, McGhee explica que la incongruencia
puede acarrear también reacciones no humorísticas, por
lo que, aunque necesaria, no parece ser suficiente para hacer reír.
La diferencia entre la incongruencia humorística y la no humorística
parece referirse a que nos presente o no alguna amenaza personal, es
decir, a que tenga o no que ver directamente con nosotros, en cuyo caso
puede estar muy lejos de producir un efecto humorístico.
En unos
estudios anteriores, sugerí que la congruencia puede considerarse
como una categoría subordinada a otra que podría denominarse
la adecuación o appropriateness, dando lugar a un principio que
postula que, a menos que haya motivo en contra, los seres humanos se
comportan de una manera adecuada o apropiada a las circunstancias en
las que se encuentran (Hickey: 1989, 1990, 1992). Formulo este principio
basándome indirectamente en el trabajo de ciertos psicólogos
sociales como Erving Goffman, quien escribe: "In diagnosing mental
disorder and following its hospital course, psychiatrists typically
cite aspects of the patient's behavior that are 'inappropriate in the
situation'... The rule of behavior that seems to be common to all situations
and exclusive to them is the rule obliging participants to 'fit in'"
(Goffman 1963: 3, 11).
No es fácil definir, ni siquiera reconocer, lo adecuado; sin
duda los criterios en los que se fundamenta varían de una situación
a otra y de una cultura a otra. Sin embargo, suele referirse a lo esperado:
el comportamiento o el lenguaje que se espera suele ser, por eso mismo,
apropiado. De esto se deduce que un individuo puede decidir, en una
situación, entre actuar de un modo apropiado o no, y cualquier
acto no apropiado puede realizarse abiertamente o a escondidas. Dicho
de otra manera, los actos que van en contra del principio de la adecuación
pueden o bien contravenirlo abierta y flagrantemente, o bien resultar
inadecuados como por accidente y sin querer. Puede que aquéllos
sean los únicos que resultan graciosos.
Para los
profesionales del humor no es urgente dividir o clasificar lo adecuado
y lo inadecuado pero, para el traductor, esta división sería
útil dado que algunas subcategorías son más reacias
a la traducción que otras. En líneas generales, creo que,
con vistas a su traducción, el humor puede dividirse en tres
clases: el que depende exclusivamente del comportamiento o del conocimiento
universal, el que se origina en algo específico a una sociedad
o cultura, y el que se deriva de algún aspecto de la lengua.
El humor de la primera clase parece ser el más fácil de
traducir e incluso de apreciar. Yo no veo justificación alguna
para creer que los miembros de diferentes nacionalidades tengan un sentido
del humor diferente, aunque sí estoy dispuesto a admitir que
algunas sociedades ríen más que otras por razones de educación
y convenciones culturales. Por ejemplo, el principio de la relevancia
rige en todas partes y el humor que se deriva de la contravención
del mismo es fácilmente traducible. En La princesa durmiente
va a la escuela (1983: 94), Gonzalo Torrente Ballester presenta a un
ministro de Educación que, antes que delatar a su patria, se
declara dispuesto a suicidarse, a lo que le responde un ayudante:
"Acabaría usted tomando una dosis fuerte de veronal, si
le da miedo la sangre o si no está autorizado para usar armas
de fuego".
Aquí la obligación de tener permiso para usar armas de
fuego es irrelevante si uno piensa utilizarlas para suicidarse. En la
misma escena, y hablando de dos filósofos, Blücher y Krämer,
el Chambelán pregunta al ministro que qué harían
éstos en determinadas circunstancias, a lo que el ministro contesta:
"No sé qué harían Blücher y Krämer,
y hasta es posible que Krämer no hiciese nada, porque está
muerto" (93).
Aparte de la implicatura contravenida aquí de que al afirmar
una posibilidad se niega o rechaza toda seguridad por parte del hablante,
la atenuación producida por "es posible" es tan efectiva
que la primera parte de la oración viene a ser redundante.
La misma técnica es usada por Eduardo Mendoza en El misterio
de la cripta embrujada (1979: 42), donde el detective cree hablar con
un marinero y termina parte de su narración con las palabras
siguientes:
"De estos detalles y del hecho de que no respirara, inferí
que estaba muerto".
Aquí los detalles en cuestión no pueden tener gran relevancia
en comparación con el hecho de que no respirara el individuo.
Para traducir estos textos no se presenta ningún problema.
En algunos casos habrá que adaptar el texto para que encaje con
la cultura de la lengua meta, pero esta operación no es distinta
de la realizada en cualquier otra modalidad de la traducción.
Incluso la ironía puede traducirse con pocos cambios de este
tipo, al menos cuando ésta se deriva de discrepancias obvias
entre lo narrado y lo que en la realidad hubiera ocurrido o probablemente
ocurriera en la situación descrita. Al referirse el narrador
de Eduardo Mendoza a un viaje en tren, cuenta:
"Durante
el trayecto hojeé una revista que había sustraído
del quiosco de la estación... 'A Ilsa le va el sol', rezaba un
artículo de fondo con más ilustración que texto"
(55).
El "artículo de fondo" es un subgénero periodístico
muy español pero podemos suponer que habrá subgéneros
parecidos en otras culturas: un "editorial" inglés,
por ejemplo.
Ahora paso a describir las modalidades que me parecen más difíciles
de traducir, a saber, las que dependen directamente de factores específicamente
culturales, de la gramática de una lengua, de modismos o frases
hechas y de juegos de palabras. Un ejemplo del primer tipo podría
ser el que se refiere al sargento que explica a los reclutas que el
agua hierve a noventa grados; un recluta, licenciado, si no doctor,
en física que está haciendo la mili le pregunta, con gran
educación por supuesto, si está seguro de que el agua
hierve a noventa grados y no, por ejemplo, a cien. El sargento le repite
dos veces, con igual grado de educación por supuesto, que sí,
que está seguro, y que se calle. A la tercera vez ya el sargento
se apea de su cátedra hasta el punto de consultar sus apuntes
y se disculpa diciendo:
"Perdón, tienes razón, lo que hierve a noventa grados
es el ángulo recto".
La gracia de este chiste está basada en una serie de factores
sociales españoles: la fama de los sargentos, el servicio militar,
más particularmente la milicia universitaria y, más que
nada, el conocimiento del sistema métrico. Un traductor no podría
dar por conocido ninguno de estos detalles por parte de un lector inglés.
Ocurre
algo semejante con unos irlandeses que van a Roma para ver al Papa y,
mientras esperan para verle, van a una taberna a pedir una pinta de
Guinness. El tabernero les explica que en Roma no hay Guinness pero
que, a fin de cuentas, al Papa le gusta el coñac. Bien, pues
los chicos piden cada uno una pinta de coñac, se la beben, y
cuando ya están tendidos en el suelo y sin poder moverse, uno
le balbucea al otro:
"Oye, Patricio, si al Papa le da por este coñac no me extraña
que tengan que llevarle a todas parte en el papamóvil ese".
Aquí la Guinness y la pinta forman la base cultural del humor
y del problema de su traducción.
En cuanto a problemas de gramática, puedo citar a la señora
que entra en una tienda de ropa femenina y pregunta a la dependienta:
"May I try on that blue dress in the window please?" A lo
que ésta contesta: "No, madam, you'll have to use the fitting
room like everyone else".
Aquí el humor se deriva de la ambigüedad gramatical del
inglés "in the window", que puede ser una frase adjetiva,
en cuyo caso describe el vestido, o adverbial, en cuyo caso expresa
dónde ha de probarse la prenda.
Naturalmente, el oyente interpretará la pregunta de la única
manera razonable en la situación, es decir que "in the window"
describe el vestido, hasta que la dependienta demuestra la ambigüedad
y le obliga a cambiar la interpretación al oir la respuesta,
lo que demuestra que la misma frase puede correctamente y con igual
razón expresar dónde ha de probarse el vestido.
Semejante es la frase de Gonzalo Torrente Ballester que narra que uno
de sus personajes, el rey, era tímido y que:
"Le habían prevenido muchas veces contra el pueblo, que
pone bombas y motes" (44).
El humor de la frase, leve por cierto, depende del hecho gramatical
de que en español el mismo verbo, "poner", se aplique
a bombas y a motes, pura coincidencia quizá, ya que los dos actos
son muy diferentes.
El mismo principio se manifiesta en el diálogo siguiente:
"Oye, ¿éste es tu barco?" "-Sí,
es mi barco; ¿por qué?" "-No, es que yo creí
que era mucho más grande de lo que es". -"No, no es
mucho más grande de lo que es; en todo caso puede ser un poquito
más grande de lo que es". El diálogo puede prolongarse
en un sketch, que seguiría así: "Bueno, no sé,
si te interesa, lo medimos. ¿Tienes un metro?... Alárgalo
tú, ¿ves? Mide tres metros diez; ahora vamos a ver si
mide más... pues no; ¿ves? sólo mide tres metros
diez"... etc.
En cuanto a modismos o frases hechas, vemos que el uso de la desviación
de tales frases para crear humor puede ser específico a un idioma,
sin tener que coincidir con ningún otro. Por ejemplo, la princesa
de Torrente Ballester grita al Cuerpo de Guardia:
"¡Eh, soldados, que cojan al señor Lutero y lo cuelguen
incontinenti!" (237), en el que por "incontinenti" supongo
que hemos de entender algo así como "in fraganti" o
"en el acto", y que es la desviación de una frase jurídica,
junto con cierta connotación sexual o urinaria, lo que le da
su humor.
En Vintage Stuff de Tom Sharpe (1982:6) el informe escolar del alumno
Peregrine Clyde-Browne da fe de su "impeccable behaviour",
aclarando que "he tries hard". Luego continúa la narración:
"It was only after another year of impeccable behaviour and hard
trying that Mr Clyde-Browne approached the headmaster for a fuller report".
"Try hard" es un modismo que no se presta a una generalización
lingüística para dar "hard trying", y esta desviación
es la que proporciona el humor. Algo análogo pasa con:
"fellows... begin to think they're the cat's whiskers, what! For
the rest of the term, Peregrine's presumed ambition to be any part of
the cat's anatomy was eradicated" (225).
"The cat's whiskers" es un modismo, que sólo se da
en esa forma y normalmente no puede extenderse a "any part of the
cat's anatomy", lo que en sí tiene connotactiones de ciertas
partes muy específicas de la anatomía del gato.
Los juegos de palabras suelen causar grandes problemas al traductor
porque dependen de coincidencias de importe semántico y fónico,
lo que de una lengua a otra no puede esperarse. Ejemplos podrían
ser:
"How do you make an Irishman neurotic? You put two shovels against
a wall and tell him to take his pick",
donde por casualidad "take one's pick" significa tanto "escoger"
como "coger el pico".
"What does a polite mouse say? -Cheese and thanks".
Aquí
el juego está basado en la frase "Please and thanks",
que resume la esencia de la buena educación inglesa, y en el
hecho de que el alimento clásico del ratón sea el queso,
así que el juego se centra en la semejanza fónica de "please"
y "cheese". Quizá uno de la mejores -o peores-ejemplos
del juego de palabras sea el siguiente:
"Dr Watson returns to Baker Street to find Sherlock Holmes painting
the door of their house a bright, gaudy, yellow colour. 'What's this,
Holmes?', enquiries Watson. 'Lemon entry, my dear Watson'."
Se supone que todo el mundo sabe que la frase favorita de Sherlock Holmes
al hablar con su amigo es "Elementary, my dear Watson", a
lo que suena algo parecido: "Lemon entry, my dear Watson",
pero ni coincide del todo con ella ni se desvía lo suficiente
como para no ser identificable. El resultado es casi insufriblemente
horrendo.
Una de las estrategias más comunes a las que recurren los traductores
ante estos dilemas consiste en explicar al lector en qué se basa
el humor, para que así sepa comprenderlo, si no apreciarlo. La
explicación se hace o bien en el mismo texto o en una nota. Yo
no soy partidario de esta estrategia ya que consigue precisamente lo
contrario de una traducción, es decir destruir el humor, explicando
en lo que hubiera consistido en el caso de no haberlo destripado el
traductor. Yo preferiría incluso reemplazar un chiste u otro
texto adjudicado como intraducible de la lengua de partida por otro
completamente distinto en la lengua meta, ya que en ese caso, al menos,
se proporcionaría al lector algo no sólo comprensible
sino apreciable.
Sin embargo,
quiero proponer un método general para la adaptación,
si no la traducción, de textos humorísticos cuya esencia
dependa de algún factor cultural o lingüístico de
la sociedad de partida. Está basado en el concepto pragmático
del acto de habla, o más precisamente en la fuerza perlocucionaria
del acto, y en el análisis pragmalingüístico del
texto que la da. No quiero apretar demasiado la exactitud del ajuste
entre la perlocución y el método que propongo, pero creo
que al menos éste dará una pauta para la solución
de la mayoría de los problemas.
Ya se sabe que se realizan tres clases de actos al emitir un texto.
Son la locución (lo que se dice), la ilocución (el acto
que realiza el hablante o el escritor al emitir las palabras) y la perlocución
("los efectos que siguen en los sentimientos, pensamientos o acciones
de los oyentes o del hablante o de otras personas", Austin 1962:
101). Si el traductor se pregunta cuál es el efecto producido
o la reacción estimulada en el lector del texto, y cuáles
son los medios lingüísticos utilizados para efectuar esa
reacción, llevará buen camino para hacer un análisis
del texto que le permitirá efectuar algo semejante en la lengua
meta. No se pregunta simplemente: "¿Qué dice el texto?",
ni siquiera "¿Qué hace el texto?" sino "¿Qué
efecto se produce en el lector y qué medios lingüísticos
han contribuido a ese efecto?"
Naturalmente,
si el traductor decide o considera que la misma locución o su
equivalente semántico, gramatical o lingüístico es
capaz de causar el mismo efecto, entonces, pues adelante sin problemas.
En este caso, la traducción literal lleva consigo el traslado
de la fuerza perlocucionaria y del humor. Si el traductor decide que
no es así, debe iniciar un análisis detallado del texto,
buscando e identificando todos los elementos pragmáticos y lingüísticos
que aporten algo al humor, para así encontrar otros elementos
efectivamente equivalentes en la lengua meta. Los ejemplos ya expuestos
servirán para demostrar cómo se hace este análisis
y cómo lleva a algo aceptable.
Empiezo con textos que dependen de factores culturales no lingüísticos.
El sargento, la mili y el ángulo recto constituyen tan sólo
el marco o el contexto del chiste en el que aparecen. El quid radica
en la confusión supuestamente estimulada en la mente de una persona
no superdotada -sea sargento o no-entre los grados de calor y los grados
de los ángulos, ya que el vocablo "grado" denota ambos
tipos de medida. Prescindiendo de lo secundario, vemos que la palabra
"degree" coincide también en inglés en los dos
sentidos, sólo que no todo el mundo sabría que el agua
hierve a cien grados centígrados. Sin embargo, con decir "ninety
degrees centigrade" el oyente se dará cuenta de ese dato.
Entonces podría decirse algo así como:
"I remember when I was at school, we had a brilliant physics teacher,
I don't think. When he was teaching us the metric system he told us
that water boiled at ninety degrees centigrade. Some bright spark who
had got his fingers burnt more than once asked if he was sure. When
it came to the third time, the teacher looked up his notes and said:
'I'm sorry, you're quite right; what boils at ninety degrees is the
right angle'."
Los irlandeses que van a ver al Papa y piden una pinta de Guinness pueden
cambiarse en compañeros de Lepe o ciudadanos de cualquier otro
pueblo, que piden un litro de San Miguel y terminan tragándose
un litro de Benedictine, que es un buen licor hecho además por
los frailes de San Benito.
La gramática
suele ser menos flexible que estos factores culturales, aunque a veces
se dan coincidencias inesperadas. Es el caso del texto "Creí
que tu barco era más largo de lo que es", en el que dos
formas verbales del pasado preceden a una forma del presente en los
dos idiomas que nos interesan, dando "I thought your boat was longer
that it is" y haciendo innecesario cualquier otro análisis.
El que empieza con la frase "May I try on that blue dress in the
window, please?" no se presta a soluciones tan fáciles.
El método que propongo nos obliga a empezar haciendo un análisis
del texto. Este demuestra el hecho gramatical de que en inglés
los sintagmas preposicionales ("in the window, at the door, under
the bed" etc.) desempeñan indistintamente una función
adjetiva ("The dress in the window" se refiere a un determinado
vestido) y adverbial ("try on in the window" expresa dónde
se realiza la acción de probarse el vestido). En castellano,
por el contrario, los sintagmas preposicionales desempeñan una
función adverbial, de manera que "dress in the window"
no equivale a "vestido en el escaparate" y la frase entera
"¿Puedo probarme el vestido azul en el escaparate?"
no es ambigua en castellano. Sin embargo, un artículo reciente
de Hickey y Vázquez (1994) demuestra que existen en castellano
cuatro preposiciones (de, para, con y sin) que se comportan más
o menos de la misma manera ambigua que las inglesas. La solución
se encuentra, pues, en la construcción de un diálogo sobre
cualquier tema entre dos personas cualesquiera en la que se cambie de
adjetivo a adverbial el uso de una de estas excepcionales preposiciones.
Digo tema y personas cualesquiera, porque la esencia del humor no tiene
nada que ver con la tienda, el vestido o las señoras, sino con
la ambigüedad del sintagma adverbial. Así, se amontonan
las soluciones: "¿Ves ese chico con la gabardina puesta?
-Sí, cómo no; si la gabardina no me afecta la vista en
absoluto". "¿Ves a ese chico sin corbata? -No, no le
veo, y sí que llevo corbata". "¿Ves a ese chico
con gafas? -No, no las uso". Según la clase de humor que
queramos obtener, podemos seguir: "¿Quieres tomar un café
con leche? -No, prefiero tomarlo contigo". "¿Comiste
con gusto? -No, comí con María". Quiere decirse que,
una vez analizado el rasgo lingüístico que crea el humor,
ese rasgo puede dar de sí para muchos chistes gemelos o primos
hermanos, eligiendo el traductor el revestimiento semántico que
más le convenga.
Me interesa
demostrar que el marco, el contexto, importa menos que la base lingüística
y pragmática. Creo poder hacerlo proponiendo otras traducciones
del mismo chiste, guardando el marco de la tienda si ésta se
considera importante:
"Oiga señorita, ¿puedo probarme los zapatos del escaparate?
-Vaya, señora, ni siquiera sabía yo que el escaparate
tuviera pies."
"Oiga señorita, ¿puedo probarme ese jersey sin cuello?
-Si señora, yo le ayudo" o "Pero señora, si
usted tiene un cuello muy hermoso".
Combinando el marco de la tienda y la ambigüedad de la preposición,
se da:
"Oiga señorita, ¿puedo probarme ese traje de noche?
-No señora; cerramos a las ocho".
En cuanto al pueblo que pone bombas y motes, lo que importa es encontrar,
o bien un verbo que admita uno de los mismos complementos directos más
otro diferente, o bien dos complementos que permitan mantener el mismo
verbo, según el sentido del texto original. Habían prevenido
al rey contra el pueblo porque éste era capaz de poner bombas
(peligrosas) y motes (desagradables al monarca). Se trata, pues, de
un zeugma y, una vez sabido esto, importa poco qué palabras se
utilicen para revestirlo. Así que se podría ser: "the
people who throw bombs and fits", o "people who wear nice
smiles and you down". Quizá deba aclarar que no sugiero
que nos apartemos de la semántica por sistema, sino que busquemos
el mismo efecto humorístico, u otro mejor incluso que el del
original, antes que mantener lo secundario. Naturalmente, en aquellos
casos en los que la semántica sea relevante, habrá que
respetarla: "people who plant bombs and nasty thoughts", "bombs
and seeds of suspicion", o mejor aún: "nasty thoughts
and bombs" o "seeds of suspicion and bombs".
El vocablo
"incontinenti" se analiza como ultracorrección, según
el método que propongo. Entonces, lo que hay que buscar es cualquier
ultracorrección, latinismo o cultismo que no encaje en el contexto,
como: "Guards, grab that heretical monk Luther and string him up
by his versicles". No creo que importe mucho el que Lutero no escribiera
en la realided versículos sino tesis, pero los puristas pueden
preferir: "Guards, grab that heretical academic Luther and string
him up by his theses". "Hard trying" se analiza como
un uso de los elementos de un modismo por separado, cuando éste
existe sólo como unidad integral; importa que conste primero
el modismo en su forma unitaria para sentar el contexto y el pretexto
para su deconstrucción. En nuestro ejemplo podríamos decir:
"Peregrine dio en el clavo pero el clavo en el que dio tenía
mal sabor" o bien: "Peregrine fue al grano pero el grano al
que fue no era de arena sino de cal".
"Fellows... begin to think they're the cat's whiskers, what! For
the rest of the term, Peregrine's presumed ambition to be any part of
the cat's anatomy was eradicated",
depende del modismo "The cat's whiskers" (ser el summum, el
no va más o el rey del mambo), que no permite cambios dentro
de la categoría superior o superordinada ("any part of the
cat's anatomy"), ya que está restringido a su uso en aquel
modismo. Conviene buscar cualquier expresión que contenga un
elemento que se pueda utilizar fuera de la misma, para luego emplear
un término semánticamente superordinado. "Algunos
tíos creen que son la monda", "la flor y nata",
"el rey del mambo":
"Durante
el resto del trimestre Peregrine no ambicionó ser ninguna parte
de la naranja", "ninguna parte ni de la planta ni de la leche",
"no mostró ninguna clase de talento para la música".
Pasaré ahora a los juegos de palabras puros. El principio sigue
siendo el mismo, es decir, que las palabras en juego importan menos
que el juego en sí. Antes de entrar en el asunto, conviene aclarar
que la reacción, la perlocución, causada por el juego
de palabras, no es normalmente la carcajada abierta y sana sino más
bien una sonrisita de horripilante aburrimiento. Es el caso del pico
que debe coger el irlandés y la puerta color de limón
de Sherlock Holmes. En castellano como en inglés las palabras
"pico" o "picar" y "pick" tienen varias
acepciones: pico de picar piedras, pico de cerrar el pico, picar aperitivos
o el picar de un mosquito, por ejemplo. Casi cualquier combinación
de dos acepciones, nominal o verbal, servirá para resolver el
problema: "¿Cómo se vuelve neurótico a un
piloto tonto? -Le pones delante unas tapas y le dices que pique";
o "¿Cómo vuelves neurótico a un picapedrero
tonto? -Le das sus herramientas y le dices que cierre el pico."
Respecto a lo del ratón que dice "Cheese and thanks",
sólo importa el juego de palabras y alguna asociación
con ratones. Pero si se estima que hay que mencionar explícitamente
al ratón, por ser relevante, puede decirse: "¿Cómo
terminan los ratones sus llamadas telefónicas? -Con un abrazo
o un queso". En el texto del "lemon entry", que en mi
opinión representa el juego de palabras en su esencia, estamos
restringidos a una palabra inglesa y su traducción consagrada:
es decir "Elementary" y "Elemental", no pudiendo
salir de esta categoría. Se trata, pues, de buscar una palabra
o unas palabras que tengan un valor fónico semejante a "Elemental"
en castellano, pero que no coincidan con "Elemental", ya que
es la casi coincidencia, pero no la coincidencia total, la que produce
el resultado horripilante. Una vez elegida la palabra o palabras, es
decir, empezando por el final, se monta cualquier historia más
o menos inverosímil y que puede tener mucho o poco que ver con
Sherlock Holmes. Por ejemplo: "El doctor Watson vuelve a su casa
de Baker Street para encontrarse con Sherlock Holmes paseándose
delante de la puerta con un caballo de la brida. -Pero, Holmes, ¿qué
caballo es éste?, pregunta Watson. -El semental, querido Watson".
Otra versión podría ser: "Holmes llega a casa de
Watson invitado a una pequeña fiesta. -¿Que quiere usted
tomar con los cream crackers, Holmes?" pregunta. "El Emmental,
querido Watson".
Vuelvo
al proverbio "Cleanliness is next to godliness" donde el humor
se derivaba del hecho de que cualquier desviación de la fórmula
conocida constituye una incongruencia con tal de que ésta tenga
algún sentido literal. Por lo tanto, la solución no es
una frase sino una fórmula, una plantilla, que puede explotarse
para muchas versiones, según el contexto. "De noche ¿cómo
son los gatos, Jaimito? -Muy ruidosos, animalitos, invisibles"
etc. "A quien madruga Dios le...? -Arruga, da sueño"
etc. "Muchos van por lana y vuelven resfriados, con tergal, a las
ocho" etc.
Termino combinando las dos partes de mi estudio para aclarar que, para
traducir textos humorísticos cuyo nivel semántico no proporcione
de por sí el resultado deseado, importan dos principios: la incongruencia,
es decir la falta de adecuación o lo no esperado ("El semental"
por "Elemental", "gatos ruidosos" por "gatos
pardos"), factor que debe resolverse de alguna manera al final,
y el análisis pragmalingüístico del texto original
que revela la base o la fórmula lingüística que produce
la perlocución o efecto causado en el lector o el oyente (semejanza
fónica entre "Elemental" y "El semental",
ambigüedad semántica de la voz "pico", uso adjetivo
o adverbial del sintagma "in the window"). En mi opinión,
estos dos principios nos proporcionan un método que quita la
prioridad a la equivalencia semántica, que en otras modalidades
de la traducción tanta importancia tiene, para concedérsela
a la pragmática.
http://cvc.cervantes.es/obref/aproximaciones/hickey.htm