Hemos recopilado
artículos o estudios teóricos de diversos autores, todos ellos relacionados
con las trabajos de traducción con el fin de que sirvan de consulta
para traductores o para cualquier otra persona interesada.
Teoría
y Práctica de la Traducción Literaria
Ana Ramos Calvo
Universidad Autónoma de Madrid
Secularmente
se han venido traduciendo textos de unas lenguas a otras de una manera
empírica, artesanal. Esto no quiere decir que no se haya reflexionado
y teorizado sobre el arte de la traducción, ni que los grandes
traductores de la historia hayan dejado de proponer sus teorías.
Por poner un ejemplo, al-Djahiz, en un capítulo de su Kitab al-Hayawan,
dedicado a la Historia de la Poesía, destaca el valor de la traducción
en sí misma, así como de las condiciones que debe tener
un buen trujamán, esto es, su amplio conocimiento de las lenguas
de origen y de llegada, su identificación con el autor, su especialización
en el tema sobre el que versa el texto original, su método y
los secretos de sus limitaciones. Con todo ello, el gran autor abbasí
forma un cuerpo teórico.(1)
Sin embargo, ha sido muy recientemente cuando los lingüistas se
han ocupado de la traducción, elevándola a categoría
científica, al pasar a constituir una rama de la lingüística
aplicada, que trata de explicar cómo ha sido elaborado un producto,
independientemente de éste. Nace así la Traductología,
destinada a formar al profesional mediante la aplicación de la
experiencia acumulada, junto a la reflexión del investigador.
Las teorías sobre la traducción, que fueron en un principio
emitidas por estructuralistas y generacionistas, han sido apoyadas más
recientemente con la contemplación de aspectos psicolingüísticos.
El propósito de estas páginas es, a la luz de las teorías
emitidas por los lingüistas, aportar mis propias reflexiones sobre
problemas que, con variable éxito, me he visto obligada a resolver
al enfrentarme a textos árabes y tratarlos de verter a mi propia
lengua, ya para darlos a conocer a posibles lectores interesados, ya
como base de mis trabajos de investigación o ya, y esto de una
manera cotidiana, como apoyo pedagógico de mi actividad docente.
Es decir, trataré de incrementar, siquiera sea levemente, la
casuística en la que estas teorías se apoyan.
La traducción literaria es el campo al que se limita mi experiencia,
atendiendo principalmente a textos en prosa, ya sean relacionados con
la literatura imaginativa seria o bien con el pensamiento, con pequeñas
incursiones al mundo del teatro, cuya problemática se ve incrementada
con la inherente a la interpretación.
El traductor literario, además de enfrentarse a las dificultades
que presenta toda traducción, ha de atender a la belleza del
texto, a su estilo y sus marcas (lexicales, gramaticales o fonológicas),
teniendo en cuenta que las marcas estilísticas en una lengua,
pueden no serlo en otra. Es el caso del uso del Ud., inexistente en
árabe y que puede resultar fundamental en la traducción,
así como el de acertar con la expresión de ciertas marcas
de respeto o de cariño (ya `ayni, por poner un ejemplo). Se ha
de procurar, pues, que la calidad de la traducción sea equivalente
a la del texto original, sin desatender por ello a la integridad de
su contenido. De estos y otros problemas trataremos aquí(2).
Posibilidad de la traducción
La primera cuestión a la que deben enfrentarse los teóricos
es a la de la posibilidad de traducir. Para algunos, en nombre de la
lingüística, es teóricamente imposible(3). Sin embargo,
es una realidad social que las traducciones existen. La cuestión
es el grado de satisfacción que el traductor alcanza con su trabajo.
Pero ¿qué es traducir?. Entre las muchas definiciones
establecidas me parece particularmente aceptable la propuesta por Catford:
La traducción es la sustitución del material textual
de una lengua por material textual equivalente de otra(4), definición
que nos lleva necesariamente a reflexionar sobre un término clave,
equivalencia.
Para un traductor el problema fundamental será el de buscar equivalentes
que produzcan en el lector de la traducción el mismo efecto que
el autor pretendía causar en el lector a quien iba dirigido el
texto original. Ello le obliga a contemplar el texto, siempre desde
el punto de vista de la traducción literaria, como la base de
una continua negociación con el autor, para que el
lenguaje del nuevo texto presente valores equivalentes a los del lenguaje
original, sin olvidar ni su fuerza, ni sus elementos dinámicos,
ni su calidad estética. Generalmente se acepta que no se traducen
significados, sino mensajes, por lo que el texto deberá ser contemplado
en su totalidad.
Situándonos concretamente en el campo de la traducción
literaria del árabe al español, el primer obstáculo
que sale al paso del traductor se deriva del hecho de que ambas lenguas
son vehículos de expresión de dos mundos reales muy diferentes
entre sí, tanto en lo que se refiere a la visión de la
realidad, como en lo que respecta al tipo de desarrollo científico
o tecnológico. Por ello, la búsqueda de equivalencias
resulta más compleja y los obstáculos más insalvables
que cuando el texto original se concibe en el mismo ámbito sociocultural
que el del texto de llegada.
Muchos de estos obstáculos, a veces realmente imposibles de salvar,
han puesto límites a mis traducciones, obligándome en
no pocas ocasiones a negociar con varios autores árabes,
pertenecientes a diferentes sociedades y a distintas épocas.
Paso a comentar algunos de ellos.
A) Límites de carácter interlingüístico
1.Equivalencias lexicales
Cuando las lenguas de origen y de llegada pertenecen a ámbitos
culturales diferentes, el primer problema al que habitualmente debe
enfrentarse el traductor es el de encontrar en su propia lengua términos
que expresen con el mayor grado de fidelidad posible el significado
de algunas palabras, por ejemplo, aquellas relacionadas con tejidos
típicos, especialidades culinarias u oficios, propios de la cultura
en la que se hallan tanto el autor como los lectores a quienes va dirigido
el texto original.
La Tuhfat al-albab, libro de viajes de carácter geográfico,
escrito por un viajero granadino, que vivió entre los ss. XII
y XIII de nuestra era(5),proporciona un buen número de este tipo
de ejemplos cuando describe las peculiaridades botánicas, minerales,
artesanales o culinarias de los diferentes países que menciona.
Si algunos términos no son difíciles de identificar (dibadj
de Bizancio por raso harir de China por seda) hay otros cuya correspondencia
exacta en nuestro idioma es imposible, como por ejemplo, muql (una variedad
de dátil de un cierto tipo de palmera silvestre), siqlatun ,munayyar,
mulham o jazz (todos ellos tejidos de urdidumbre muy peculiar , característicos
de Bagdad, al-Rayy, Merw y Susa respectivamente). En el texto original
ese último tejido (al-jazz), por ser ampliamente conocido en
el medio socio-cultural del autor como peculiar de Marruecos, evita
a éste especificar que Susa es la ciudad marroquí y no
su homónima persa.
Algunos oficios locales, propios de una determinada cultura, son asimismo
difícilmente reflejados por un equivalente español. Es
más, a veces ni siquiera a un lector arabófono, pero no
nativo de la región en cuestión, le es fácil identificarlo.
Es el caso, por ejemplo, de esas mujeres, a las que en el norte de Siria
llaman gashashat(6), que siguen a las cuadrillas de segadores y a las
que el narrador sirio `Abd al-Salªm al-`Udjayli incluye en el grupo
de los al-dadjdjalin (charlatanes y curanderos) y a las
que el propio autor, consciente de que es un término peculiar
de una determinada región, opta por describir, dando un rodeo,
explicando a sus lectores que su especialidad consiste en extraer
la enfermedad del ojo, pasando la lengua por el interior del mismo,
cuando se ha introducido en él un cuerpo extraño(7). El
mismo autor utiliza en uno de sus ensayos(8), el término mulla,
que él mismo explica en el texto (evitando intervenir a su traductor),
diciendo: esto es, uno de esos maestros religiosos, que son los
que en el desierto se encargan de enseñar a los niños.
La búsqueda de equivalentes lexicales es particularmente difícil,
a veces incluso imposible, cuando afectan a aspectos sociales, jurídicos
o religiosos. En Barg el-Lil(9), pequeña novela histórica
del tunecino Bashir Jrayyef, el protagonista, que da nombre a la novela,
es un joven esclavo negro, que vaga por las calles de la medina, tras
huir de su amo, un alquimista a quien ha destrozado el laboratorio.
En su deambular por las calles de la ciudad se topa con una anciana
que le propone, a cambio de cierta cantidad de dinero, que actúe
como tayyas en cierto asunto de divorcio. ¿Cómo
traducir este término? Se trata de una palabra que en el habla
coloquial tunecina denota cierto matiz peyorativo. Para el lector de
origen, es decir el lector árabe educado en un ambiente familiarizado
con el Islam, aún en el caso de no conocer el vocablo vulgar,
la trama argumental le daría la clave, ya que corresponde al
término clásico muhallil, que designa a la figura religioso-jurídica
(Corán II,230) mediante cuya intervención un matrimonio
disuelto por triple repudio puede reanudar su vida en común,
mediante un nuevo contrato matrimonial (radj`a). Sin embargo el lector
de la traducción española se puede encontrar desorientado,
si el traductor no interviene de algún modo.
2. Ambigüedades intencionadas.
Entre los límites de carácter interlingüístico
se encuentran los juegos de palabras, destinados a producir ambigüedad
y a los que tanto teme el traductor. Los títulos de relatos y
novelas proporcionan abundantes ejemplos de estas ambigüedades
intencionadas, de difícil y, a veces, incluso imposible traducción.
Veamos algunos a continuación.
Al-`Udjayli, el autor sirio ya mencionado, tituló su primera
novela, Basima bayna-l-dumu`(10), buscando el contraste entre el nombre
propio de la protagonista, que en árabe sugiere la idea de sonreír,
con las lágrimas que la misma derrama a lo largo de toda la narración.
De hecho, la contradicción expresada en el título condicionó
el desarrollo de la trama narrativa, ya que el autor confiesa haber
improvisado la acción, en la que siempre jugaba con el contraste
de sonrisa y llanto, a medida que se iban publicando sus capítulos
por entregas durante el verano de 1957 en la revista al-Ahad . La traducción
al español se presenta problemática, ya que si optamos
por Básima llora, por ejemplo, la reproducción del título
sería correcta, pero se perdería el contraste ideado por
el autor . Aquí, la traducción al castellano solamente
pone en peligro el juego de palabras buscado por el autor en el título,
sin embargo, el problema se acrecienta cuando la ambigüedad juega
un papel esencial en el desarrollo de la acción. Es el caso de
una novela del autor tunecino `Abd al-Madjid `Atiya, que lleva por título
Jattu-ka radi(11). Según he podido comprobar, ésta
es una expresión de uso común, al menos en Túnez,
cuyo significado depende del contexto en que se produzca, ya que lo
mismo puede significar tienes mala letra, refiriéndose
a la caligrafía del interlocutor, que tu línea telefónica
está averiada, en el caso de una dificultosa conversación
telefónica por cruce de líneas, interferencias etc...
El diseñador
de la portada del libro, como podemos ver en la imagen, supo sugerir
con gran acierto la ambivalencia de la expresión, al escribir
el título con trazo grueso, que sugiere un cable con una rotura
en el trazo de las letras, salpicando la lámina con gruesos borrones
de tinta y dibujando en la parte superior un pabellón auditivo
de grandes proporciones. Al propio lector árabe le resultará
imposible conocer cual de los dos sentidos de la frase guarda relación
con el contenido, hasta no haber leído la novela. Por su parte,
el traductor se encuentra perplejo ante la dificultad de encontrar un
equivalente que refleje la intención del autor, pero sus tribulaciones
aumentan cuando en el curso del relato se encuentra con la siguiente
conversación entre un ejecutivo que trata de comunicarse telefónicamente
con el exterior a través de una centralita y la operadora encargada
de la misma:
-Aquí la operadora nº 15 ¿qué desea, por favor?
-Quiero
hablar con el exterior ¿está libre la línea?
-Bien,
aguarde un momento
Pasados unos instantes, y tras dejarse oír unos ruidos en el
auricular, la telefonista dice:
- Jattu-ka
radi
Evidentemente
aquí con el significado de la línea está
mal. El protagonista, con clara intención de bromear con
la muchacha, replica aparentemente ofendido:
-¿Jatti
radi? ¿Acaso la has visto o leído para juzgar que
es mala?
Sin duda
ahora con el sentido de ¿mi letra es mala?. La operadora,
sin embargo no entiende el cambio de significado, puesto que dice:
-¿Perdón?.
A lo que
el ejecutivo, con intención de confundir a la joven y de seguir
charlando con ella, contesta:
-Jatti
(mi letra) es muy bonita, aunque no tanto como tu voz...
La solución
en este caso se presenta muy difícil para el traductor, quien
habrá de intervenir de algún modo, como veremos más
adelante.
Se puede
presentar el caso de que la traducción literal o casi literal
sea más oportuna que la búsqueda de una equivalencia.
Veamos un ejemplo.
Al-`Udjayli, titula el ensayo, arriba mencionado (v.nota 8) Alif....Ba...Ta...,
cuyo equivalente castellano sería A...B..C..., sin embargo, no
resulta tan sencillo optar en este caso por la equivalencia. El texto
reproduce un diálogo entre dos personajes, árabe uno,
europeo el otro. El árabe expone sus ideas políticas valiéndose
de un relato en el que un maestro ambulante se empeña en que
un muchacho beduíno aprenda a leer, haciéndole repetir
la letra Alif. Consciente el árabe del texto de que su interlocutor
europeo no conoce el significado de esta voz, le explica: esto
es, la primera letra del alfabeto árabe(con lo que el traductor
no necesita intervenir). Aún admitiendo que se pudiera sustituir
el título árabe por un equivalente, en el curso de la
acción sería de todo punto improcedente, ya que resultaría
ilógico para el lector español que se obligara tan insistentemente
a un niño beduíno árabe a repetir la letra castellana
A.
3. El lenguaje dialectal
La introducción
en obras narrativas de diálogos encaminados, bien a resaltar
valores particulares del lenguaje, bien a destacar la idiosincrasia
del personaje que lo utiliza, plantea al traductor una seria dificultad
para transmitir a sus lectores un efecto equivalente al producido en
los destinatarios del producto original.
Si bien ciertos registros coloquiales lenguaje infantil, peculiaridades
del lenguaje de diferentes clases sociales o incluso la ubicación
del lenguaje en su marco temporal- no ofrecen particular dificultad,
el traductor de la nueva narrativa árabe, tras superar las etapas
de su correcta traducción, se encuentra muchas veces incapacitado
para verter a su idioma los matices diferenciales de los lenguajes locales
(lengua `ammiya).
Como muestra de la dificultad de reproducción en castellano de
uno de estos idiolectos, propongo el ejemplo siguiente. Retomemos la
figura de Barg el-Lil, el joven esclavo negro de la novela de B. Jrayyef.
Le encontramos rebosante de felicidad después de haber cumplido
su compromiso de contraer matrimonio con la esposa repudiada (que resultó
ser la mujer de sus sueños), para que el esposo de ésta,
arrepentido de su acción, pueda volver a reanudar su vida matrimonial
con ella. Pasada la noche de bodas, el venerable jeque y los dos ediles
que el día anterior, ignorando su condición de esclavo
que le inhabilitaba para cumplir aquella misión, habían
estipulado las condiciones de su compromiso, conminan al muchacho a
que pronuncie las palabras de repudio. Cuando el negrito se niega, incapaz
de renunciar a la mujer idolatrada, se establece entre ellos el siguiente
diálogo:
-Eso fue lo acordado, acaba de una vez, cumple lo que has prometido
y vete. El hombre libre ha de cumplir lo que prometió.
El muchacho, indignado, respondió estas enigmáticas
palabras:
- Anzazhurr, anzazhurr ana wasif ana ma unzizshayan.
B. Jrayyef fue repudiado por algunos sectores de la crítica literaria
de su país por utilizar el lenguaje coloquial en los diálogos
de sus novelas y en ésta su uso es asimismo habitual, pero en
este caso la comprensión resulta particularmente difícil,
incluso para arabófonos no habituados a estas peculiaridades
idiomáticas locales. La explicación, sin embargo, es sencilla,
si bien llegar hasta ella me supuso un verdadero quebradero de cabeza.
Es sabido que la identificación de la letra djim y de la letra
zay, si van seguidas es frecuente en todos los dialectos árabes,
por lo que anzaz-unziz es facilmente reconocible como, andjaz-undjiz
pero en este caso la mayor dificultad consiste en el cambio del sonido
de hache aspirada fuerte por una aspiración débil de la
misma letra, fenómeno propio de los senegaleses, dándose
la circunstancia de que el esclavo negro de la historia era de origen
senegalés su rapto por parte de los negreros constituye
uno de los capítulos de la novela-. Aplicando estos cambios,
la enigmática frase es fácilmente traducida
por: Cumpla su palabra el hombre libre, cumpla su palabra el hombre
libre, yo soy un esclavo y no cumplo nada. La traducción es posible,
pero no su fuerza idiomática, que, sin duda, el lector tunecino
puede apreciar (algo así como un lector español identificaría
a un personaje que pronunciara Bidro en lugar de Pedro con un individuo
de origen árabe).
Otro interesante ejemplo de este tipo nos lo ofrece el excelente narrador
y dramaturgo `Izz al-Din al-Madani en su pieza teatral Muley al-dultan
alHasan al-Hafsi(12). La escena sexta del Segundo Acto de esta obra
se desarrolla en la vieja medina tunecina en la época en que
Carlos I de España, llamado por el sultán hafsí,
invade Túnez para expulsar al corsario turco Barbarroja. Un soldado
español vigila una larga cola formada por los comerciantes del
barrio de Bab al-Banat, que aguardan su turno para acceder al único
cuchillo pendiente de una cuerda que les está permitido utilizar,
ya que el invasor les ha requisado todos sus utensilios cortantes, propios
de cada gremio. Indignados y bajo un sol implacable que les está
volviendo locos, los habitantes del barrio comentan la humillación
a que están siendo sometidos por los españoles, a los
que insultan con los más expresivos improperios.
El soldado español, que comprende algunas palabras árabes,
seguramente las más sonoras, les amenaza con su espada y les
grita en una curiosa jerga hispano-árabe en la que no falta algún
galicismo:
-Fuira, fuira, kalam basta, basta, biti an tu bayis.
El autor soluciona el problema para sus lectores que no saben español,
facilitando de paso la labor del traductor, haciendo intervenir a sus
personajes:
- ¿Qué dice? pregunta uno de la cola, a lo que otro
más entendido en lenguas, responde: "-Dice que
fuera, que basta de palabras y que te vayas a tu país".
En este caso, el pasaje traducido conserva la misma fuerza que el texto
de origen, ya que esta mezcolanza de palabras producen la misma impresión
al lector del texto árabe que no sepa español, que al
lector del texto de llegada, que no sepa ára be.
4.Sonoridad del lenguaje
Los refranes y dichos populares suelen ir acompañados de una
sonoridad rebuscada que dificulta la tarea del traductor al tratar de
hallar, no solamente un equivalente para su significado, sino también
para su sonoridad.
La novela de Jrayyef nos proporciona varios ejemplos para este apartado.
En cierto pasaje se cuenta el origen de un refrán muy popular
aún hoy en Túnez: ¡Yuhriz Muhriz! cuya traducción
exacta sería ¡Muhriz (el santo patrono de Túnez)
te protege!. Buscar su equivalente castellano tampoco ofrece dificultad
:¡Vaya suerte que tienes!, o bien ¡has nacido de pie! O
cualquier otro semejante, sin embargo , su sustitución en el
texto no me pareció oportuna, ya que desvirtuaría el pasaje
del relato, en todo caso, lo que es imposible reproducir es su sonoridad.
En esta misma novela se narra el origen de otro refrán, para
el que, en lugar de buscar uno equivalente en castellano me pareció
más oportuna su traducción casi literal. Se trata de un
dicho actual cuyas fuentes busca el autor en la época en que
Carlos I de España invadió Túnez y que dice así:
Nadie mejor que el andalusí conoce la expulsión del rumí
. Aunque este dicho tiene el mismo sentido que el español: No
siente la brasa más que aquel que la pisa, su traducción
literal conserva cierta sonoridad y además salva la coherencia
del contexto.
B) Límites intertextuales
Si los textos, el original y el de llegada, pertenecen a ámbitos
socio-culturales muy diferentes (como es el caso de la traducción
del árabe al español), resulta muy difícil hacer
llegar al lector del texto traducido ciertos elementos fácilmente
asimilados por el destinatario de la obra original (citas librescas,
alusiones culturales, costumbres populares, instituciones etc...), que
pueden llegar incluso a alterar el mensaje.
Cuando al-Garnati, el viajero medieval, alude por ejemplo a Iram la
de las columnas), no necesita ofrecer aclaración alguna, aún
en el caso de que sus posibles lectores no fueran particularmente cultos,
ya que todos debían saber que se trataba de la ciudad que mandó
construir Shaddad ibn `Ad el omnipotente y longevo rey de los `Adíes,
a quien Dios castigó por su orgullo y cuya desaparición
de la faz de la Tierra junto con su pueblo es castigo ejemplar citado
por el Libro Sagrado. Por la misma razón que tampoco necesita
explicar quien son los desgraciados Nasnas (convertidos en medio-hombres
por castigo divino) ni las tribus desaparecidas de Tamud, Djadis o Tasm
etc..., ya que son los pueblos ante-históricos con los que cualquier
árabe suele estar asimismo familiarizado desde pequeño
por El Corán, que los cita como modelos de castigos escatológicos.
Sin duda por seguir con ejemplos del mismo autor-, cuando éste
nombra como garante de sus palabras a al-Djahiz, sus lectores originales
sabían a ciencia cierta que citaba a una autoridad indiscutible
o si menciona un poema de al-`Ashà, a todos, casi sin excepción,
se les vendría a la mente el poeta báquico contemporáneo
del Profeta.
Lo mismo ocurre con las denominaciones específicas de ciertas
artes, como la música por ejemplo. Así, cuando nuestro
conocido negrito Barg el-Lil deleitó con su extraña música
a sus conciudadanos, alguno comentó : Es un hidjaz kar-kurdi....
Probablemente pocos sepan que se trata de la variante nº8 de la
música árabe en la que se han compuesto más obras
que en ninguna otra, pero el lector árabe se aproximaría
más a la comprensión de este tecnicismo, que un lector
español.
C) Intervenciones del traductor
Como hemos visto, la casuística evidencia la existencia de una
serie de límites para la traducción, de carácter
interlingüístico unos, intertextuales o referenciales otros,
que obligan al traductor a intervenir con mayor o menor acierto, con
el fin de conseguir para sus lectores el mismo efecto, o al menos un
efecto equivalente, al buscado por el autor para los suyos. Unas veces
logrará este efecto mediante una buena elección del equivalente
lexical, pero otras se hará necesaria una aclaración.
Cuando se trata de una traducción académica, especialmente
cuando la obra de origen pertenece a un autor de prestigio, el traductor,
actuando como filólogo, suele optar por introducir su traducción,
presentando con mayor o menor brevedad al autor y a la obra en concreto
dentro de un contexto literario, exponiendo a continuación sus
propios criterios para efectuar su trabajo. Sin embargo, ante la presencia
de intraducibles, puede verse obligado a intervenir al margen del texto
original, optando unas veces por una traducción parcial, o decidiéndose
otras por añadir notas a pie de página.
En el caso de traducciones no académicas o de simple divulgación,
especialmente las hechas por encargo de editoriales comerciales, este
último recurso solamente es adoptado en casos realmente extremos.
Notas a pie de página
Llegamos así a la espinosa cuestión de las notas a pie
de página. Hay quienes opinan que constituyen la vergüenza
del traductor. A veces, es cierto, un mal traductor recurre a ellas,
mostrando así su fracaso de no haber podido hallar un determinado
equivalente. Sin embargo, es un error generalizar irreflexivamente,
ya que, un mismo traductor puede recurrir a la introducción de
notas o a prescindir de ellas, según lo exija su trabajo.
A continuación, y basándome en la clasificación
de las notas, comúnmente aceptada por los teóricos, expondré
los criterios que me han llevado a la inclusión o exclusión
de éstas en diferentes textos.
a) Notas situacionales
Están destinadas a situar al lector de la traducción en
lugares con los que el lector del texto original está familiarizado.
En una obra como La Tuhfat al-albab, citada más arriba, obra
íntimamente relacionada con la Geografía Descriptiva de
un periodo y de un contexto cultural muy alejado del momento en que
se realiza el texto traducido, este tipo de notas constituye aproximadamente
el 45% de las notas a pie de página. Y ello, porque, según
mi criterio, la actualización de los topónimos rebajaría
notablemente la fidelidad y la calidad de la traducción, desvirtuando
al mismo tiempo el carácter medieval de la misma. Resultaría
por lo menos anacrónico hacer navegar a un viajero medieval por
el mar Caspio o el de Aral, por los lagos de Van, Urmia o Chad, porque
en la aquella época se denominaban mar de los Jázares,
mar de Juwarizm, mar de Ahlat, mar de Urmia y mar cercano a la Ciudad
de Cobre, que es como el autor los cita respectivamente. Para evitar
este efecto me pareció obligado localizar los topónimos
en obras geográficas medievales y actualizarlos en las notas.
Asimismo desvirtuaría el texto, produciendo un extraño
efecto (tan chocante por lo menos como el que produciría un extra
que olvidara despojarse de su reloj de pulsera en una película
de romanos) situar al autor en el actual Astracán punto
de partida de muchos de sus viajes- en lugar de en Sadjzin (que en lengua
local significa lugar desecado), que es el nombre que dicha ciudad recibió
precisamente en época de al-Garnati, nuestro autor, por la desecación
del ramal del río Volga, provocada por una alteración
en el curso del mismo, sustituyendo a la antigua denominación
de Itil , que es como la recogen los geógrafos árabes
medievales.
En Barg el-Lil, la novela de B. Jrayyef, son también las notas
situacionales las que constituyen el más elevado porcentaje.
El propio autor las introduce en su texto, poniendo así de manifiesto
la importancia que tiene para él que el lector se sitúe
en el laberinto de barrios de la antigua medina. En realidad, el verdadero
protagonista de su relato es el pueblo tunecino, esto es, los habitantes
de los distintos sectores de la vieja ciudad, cuya actitud, de rebelión
unos, de sumisión otros, ante los invasores, turcos o españoles,
jugaron un papel fundamental en el desarrollo de los acontecimientos
históricos.
b)Notas etnográficas, intertextuales y textológicas
Ya comentamos que en el caso de la Tuhfat al-albab, es prácticamente
imposible hallar equivalencias en castellano para ciertos términos
relacionados con peculiaridades etnográficas de las diferentes
regiones recorridas y descritas por el autor. Es asimismo necesario
situar al lector de la traducción en el ambiente cultural, religioso
y social al que pertenecieron los individuos a quienes iba dirigida
la obra original. La mayoría de estas dificultades fueron resueltas
con notas a pie de página, que entre etnográficas e intertextuales
alcanzan un porcentaje de un 43%, es decir, un número próximo
al de las notas situacionales descritas más arriba. De las notas
restantes, unas están destinadas a señalar algunos errores
cometidos por el autor ( vg.: Abu Hamid sitúa el sepulcro del
Santo Patrón de Túnez en Qayrawan en lugar de en la capital
tunecina donde desde un principio estuvo ubicado), otras a señalar
las variantes de ciertos pasajes según los diferentes manuscritos
que existen de la obra, o a reconstruir fragmentos perdidos o confusos,
mediante la consulta de obras de diferentes autores, que los recogen
textualmente.
Las notas etnográficas escasean por el contrario en la traducción
de la novela histórica de Bashir Jrayyef, son más frecuentes
sin embargo las de carácter intertextual, de las que me vi obligada
a introducir las que juzgué imprescindibles para orientar al
lector de la traducción en los hábitos y la cultura de
un país, en un determinado momento en el que compartió
su historia con España.
Hemos comentado ya el término tayyas, y la imposibilidad de encontrar
su equivalente en nuestro idioma, parece pues imprescindible su explicación
en una nota, así como su relación con ciertos aspectos
jurídicos del divorcio en el mundo musulmán.
En la misma obra encontramos imprescindible respetar en el texto, y
aclarar en nota, el apodo ilustre de Jayr al-Din, con el
que en el mundo árabe se denomina al para nosotros terrible corsario
al que conocemos por otro apodo, éste peyorativo, Barbarroja.
Si para facilitar su comprensión hubiéramos puesto en
boca de un personaje árabe de la época el apelativo cristiano,
el texto habría quedado desvirtuado por su inverosimilitud.
En el caso de la famosa novela de Mahfuz, Hijos de nuestro barrio, las
exigencias editoriales impedían la inclusión de notas.
Las opciones para el equipo traductor quedaban limitadas a traducir
parcialmente el texto en algún caso extremo, a buscar equivalentes
aproximados o a recurrir a ciertos subterfugios como , por ejemplo,
el de conseguir para el término abaya un efecto visual en el
lector, traduciendo envuelto en su abaya, indicando así
que se trata de una especie de capa.
c)Notas de fondo
Hay otro tipo de notas que son las utilizadas por el traductor para
manifestar su opinión de acuerdo o de desacuerdo con algunos
pasajes del texto original.
Una conocida obra de Gustave Le Bon, La Civilisation des Arabes, fue
traducida por Luis Carreras a finales del siglo pasado(13). El traductor
hace preceder su trabajo de un amplio prólogo donde pone de manifiesto
sus profundos conocimientos sobre la materia de la que trata el libro,
cuya traducción justifica por su carácter popularizador
que puede servir para cortar la absurda concepción de la civilización
árabe que tiene el gran público. Sin embargo advierte
que: hemos debido acribillar de notas de fondo ciertas partes,
donde el autor estaba deplorable en todos los conceptos.
Efectivamente las discrepancias del traductor con lo escrito por el
autor se manifiestan ya en las primeras páginas, llegando en
numerosas ocasiones el Sr. Carreras a emplear en sus notas un tono realmente
agrio. Así, por ejemplo, cuando el autor escribe sobre la esclavitud
entre los árabes, su traductor manifiesta su total repulsa a
sus teorías diciendo así: Aunque ya se comprende
que por el mero hecho de traducir un libro su traductor no se hace solidario
con él, no podemos menos de manifestar aquí toda nuestra
antipatía por el mal disimulado placer con que M. Le Bon defiende
la esclavitud, escondiendo lo que le conviene y citando lo que le ayuda.
El autor dice en otra nota el traductor- tiene pretensiones
de haber descubierto una nueva filosofía de la Historia. Nuestra
inten-ción es protestar por lo que acabamos de traducir.
A medida que avanza en su lectura el lector va encontrando notas cada
vez más crispadas y de mayor extensión (a veces ocupan
más de una página), reprochando al autor unas veces su
ignorancia, otras su petulancia, llegando incluso al ataque personal:
En cuanto a M. Le Bon le diremos que es muy sensible que, después
de lo mucho que ha costado a los franceses su ignorancia del estado
de los demás países del mundo, aún no se hayan
corregido de ella o siquiera hayan aprendido a librarse de ponerse en
ridículo hablando de aquellas cosas de las cuales están
en la más crasa ignorancia... pero ya se sabe que
tratándose de autores franceses es imposible evitar un raudal
de majaderías que a uno le dejan estupefacto. El Sr. Carreras
es consciente de que sus lectores perciben su contrariedad y se disculpa
ante ellos : El Sr. Le Bon todavía no se ha dado cuenta
de ello y he aquí por qué la parte política de
esta obra ha exigido estas notas nuestras
D) El traductor y su ética
Este tipo de intervenciones del traductor nos llevan a reflexionar sobre
la ética profesional del mismo. La amplia bibliografía
existente sobre la Ciencia de la Traducción dedica amplios capítulos
al análisis de las cualidades que debe presen-tar todo traductor,
sin embargo, dicha bibliografía no recoge excesivas referencias
que permitan establecer las bases para inducir su ética.
Se da por supuesto que, para llevar a cabo con éxito el proceso
lingüístico de la traducción, el autor de ésta
ha de tener un amplio conocimiento lingüístico, contrastivo
en ambas lenguas (los teóricos señalan al traductor como
un bilingüe con limitaciones). En la elección correcta del
término apropiado (a veces esta elección cae fuera de
las registradas en los diccionarios) se basará, no solamente
la buena transmisión del mensaje de una lengua a otra, sino también
su estética literaria. Cuando se comparan diferentes traducciones
de un mismo texto no solamente se detectan errores de los que
incluso grandes traductores no se han visto libres, como prueban numerosos
ejemplos(14)- sino que se hace evidente su distinto nivel estético.
También es sabida la necesidad de que el traductor posea un conocimiento
exacto del nivel cultural en el que se produce el original, así
como una gran habilidad para escribir en su propio idioma y para leer
la lengua del autor, con objeto de poder plasmar su tono y su estilo.
Sin olvidar el dominio que se le supone a un buen traductor del tema
tratado en el texto original, con el fin de no incurrir en falsas interpretaciones,
debemos insistir por último en que para hacer un buen trabajo
el traductor debe poseer una gran destreza en los principios y técnicas
de la traducción, así como en el manejo de las herramientas
de las que disponga la elección de un buen diccionario,
adecuado al tipo de texto que traduce, por ejemplo, recurriendo si es
preciso a su propio diccionario mental, cuando no consiga hallar en
aquellos la equivalencia exacta -.
Supuestas todas estas cualidades, el primer movimiento del traductor
consistirá en hacer un profundo análisis del texto original,
para después proceder a la traducción del mismo, sin descuidar
los entornos espacio-temporales, históricos y culturales, tratando
finalmente que el nivel del lenguaje de su producto esté relacionado
con el del original (culto, académico, vulgar, mixto, fraseo,
sentencias, retórica etc...), esto es, lo que los teóricos
conocen como diacronía de la traducción.
Entre los aspectos éticos a los que debe enfrentarse el traductor,
se encuentra el de su posible identificación con el autor, hasta
el punto de olvidar su propia ideología. Ya hemos visto más
arriba -en el caso de la traducción al español de la obra
de Le Bon- un modo de manifestar las propias opiniones, por medio de
las notas de fondo, a lo que se debe añadir que el Sr. Carreras
no solamente se permite corregir al autor en los conceptos y en los
datos históricos, sino también en el estilo, como indica
en su prólogo: En cuanto a la traducción, sin faltar
a las ideas del original, hemos procurado dar cierta sencillez a las
locuciones, demasiado e inútilmente complicadas en el libro francés...Pues
ocasiones ha habido en que de cinco periodos del autor hemos hecho uno
sólo. Otros traductores optan, sin embargo, por enfocar
la cuestión desde otro punto de vista, esto es, procurando que
tanto la ideología como el estilo del autor lleguen a los lectores
de la traducción, de la manera menos contaminada posible.
Esto adquiere una importancia relevante cuando se procede a la traducción
de diferentes textos sobre una misma cuestión, enfocados por
sus respectivos autores desde puntos de vista muy diferentes, dictados
por sus ideologías y experiencias personales.
Basándome en mi experiencia propongo algunos ejemplos.
La cuestión palestina es, como sabemos, un tema recurrente en
la producción literaria de muchos autores árabes, que
tratan de ella desde ángulos muy particulares. Para la traducción
de un bellísimo texto de Mahmud Darwish, La Patria entre la memoria
y la maleta(15) , traté de transmitir al lector el desgarro del
exilio y los deseos de luchar para liberar a la Patria, ocupada por
intrusos, en un lenguaje poético, tratando de captar los registros
emocionales y los recursos retóricos de un poeta de la categoría
de su autor.
Sobre la misma tragedia del pueblo palestino otro autor, el sirio al-`Udjayli
ha escrito, desde la perspectiva de su compromiso activo luchó
como voluntario junto a las fuerzas sirias que en 1948 combatieron en
Palestina-, numerosos relatos y ensayos, cuyos textos presentan registros
completamente diferentes, para expresar el profundo sentimiento de culpa
por el comportamiento en la vida cotidiana de los árabes para
con sus hermanos oprimidos, que van desde un tono lírico ( Donde
quiera que esté(16)), pasando por un tono irónico y agresivo
( Alif...Ba...Ta..). hasta llegar a la crítica abierta
y satírica (Correo devuelto(17)).
Asimismo, la posición del autor cuando trata de temas políticos
se deja traslucir en su obra, imprimiendo en ella su carácter.
Así en sendos relatos de dos autores, Don Quijote(18) del sirio
Hani al-Rahib y Los Libros quemados(19) del tunecino `Izz al-Din al-Madani
se describe la rebelión de las masas estudiantiles lideradas
por un intelectual, trasluciéndose en el primero una clara ideología
marxista, que contrasta con el anarquismo burlón del segundo.
Las nuevas teorías de los lingüistas acerca de la traducción,
me han inspirado estas reflexiones a cuya luz examino y critico mis
trabajos. Si he logrado en mi traducción de textos muy diferentes
en la intención y en el tono crear un nuevo texto, que se lea
con facilidad en mi idioma y que recoja, si no íntegro al menos
en parte, el mensaje de sus respectivos autores, si he conseguido que
mis lectores puedan al menos vislumbrar la fuerza del lenguaje y el
tono particular de cada uno de ellos, mis esfuerzos se verán
compensados por la satisfacción que proporciona el trabajo bien
hecho. Si no es así, habré fracasado en mi intento, ¡pero
ya se sabe quesegún la frase de Ortega en sus reflexiones
sobre estos temas- en eso consiste la miseria y el esplendor de
la traducción!
(1). Al-Djahiz, Kitab al-Hayawan,El Cairo, al-Halabi,1965-69 , vol.I
p.75
(2). Para reflexionar sobre mi propia experiencia y proponer algunos
ejemplos me ha sido de gran utilidad la obra de S.Peña y M.J.Hernández
Guerrero, Traductología, Málaga,1994, cuyo esquema me
ha servido de base para redactar algunos de los temas tratados.
(3). Véase
Mounin,G.,Los problemas teóricos de la traducción, Madrid,1977
(4). Catford,J.C.,
A Linguistic Theory of Translation, Edimburgo,1965,trad.1970. Sobre
distintas definiciones para la traducción, v. S.Peña,
op.cit.,pp.24-26
(5). Abu
Hamid al-Garnati, Tuhfat al-albab,presentación, traducción,
notas e índices por A.Ramos, Madrid,1990
(6). Oficio
descrito por S.Antaki y F.Sanagustin en su trabajo Contribution
à létude de lophtalmologie traditionelle en
Syrie du Nord, en Arabica,XXXVI,1989,p.371 y nota 6.
(7). En
el relato titulado Wa al-dadjdjalun dardjat, incluído
en la colección `Iyada fi-l-rif, para su traducción v.
A.Ramos, Relatos de un nómada mediterráneo, Madrid,1998,pp.131-137
(8). Alif...Ba...Ta... en la colección, Idfa´bi-l-lati
hiya ahsan, para la traducción v., A.Ramos Relatos..op.cit. p.p.93-99.
(9). Bashir Jrayyef, Barg el-Lil, trad. Ana Ramos, Madrid,1982 (10).
Se publicó en forma de libro en Beirut, 1959. (11). Túnez,1978
(12). Túnez-Libia,1977
(13). Le Bon, G., La civilización de los árabes, trad.
Luis Carreras, Barcelona 1886
(14). M.
`Abd al-Gani Hasan registra muchos errores cometidos por orientalistas
de gran prestigio en su obra Fi-l-tardjama (fi-l-adab al-`arabi),,1966.
Por mi parte, al contrastar diversas traducciones de la famosa novela
de Naguib Mahfuz, Awlad harati-na, (Beirut, 1972 ) pude detectar un
curioso error en la siguiente frase dentro del capítulo dedicado
a Gabal (pág.135 de la edición árabe, pág.86
de la traducción inglesa , Londres,1981) : Qabla an yahwa
an-nabut `alà -l-miraati -l-kabira waraa at-tawila...),
la confusión de la palabra al-miraat (el espejo), por al-marat
(la mujer), llevó al traductor a escribir : The cudgel
fell on the old woman behind the table... cuando el autor quería
decir: el bastón se estrelló contra el gran espejo
que había detrás de la mesa... ( v. trad. española,
Barcelona 1989, p.121).
(15). Trad.
Ana Ramos en Almenara,4,1973,pp.199-217
(16). A.Ramos
Relatos de un nómada mediterráneo, op.cit.pp.101-114
(17). íbd.,
pp.115-123
(18). Véase,
A.Ramos, Dun Quishut, en Revista de Estudos Árabes, nº4,
1994, pp.77-90
(19). Véase
A.Ramos, Los libros quemados en Del Atlas al Tigris(
Relatos árabes de hoy), Madrid,1985, pp.53-59
http://www.hottopos.com/mirand8/anaramo.htm